martes 9 de febrero de 2010

250 años de Tucupido


Participación y cháchara Ad Hoc

250 años de Tucupido

Mailto:
degnis.romero@hotmail.com

Se les participa a propios y extraños que el próximo 5 de mayo de 2010 se cumple el primer cuarto de siglo de la fundación del pueblo de Tucupido, capital del Municipio José Félix Ribas del Estado Guárico en Venezuela.

Esta iniciativa se toma en virtud de la preocupación que genera el saber que hasta el momento de emitir la presente proclama (a menos de tres meses del suceso), no aparece publicación alguna en Internet (el contemporáneo Tinaquillo lo hizo en:
Las noticias de Cojedes) donde se haga referencia a los actos programados para celebrar la magna fecha.

Se conoce, de buena fuente, que la Alcaldía adelanta actividades conmemorativas de acuerdo a lo dicho durante el desarrollo del “I Encuentro de Historiadores y Cronistas”, homenaje a Fernando El Vate Aular, los días 11 y 12 de Junio de 2009. Sin embargo, exhortamos a que el programa oficial sea dado a conocer con suficiente antelación para que los interesados en asistir puedan realizar su planificación.

Esperamos, Dios mediante, reencontrarnos con muchos paisanos, en particular con “El Vate” (cuasi-centenario) para que firme el ejemplar de “Remansos”, su libro de poemas que amablemente obsequió y del cual se reproduce este verso:

Es de la selva atalaya,
Cerro de Juana Correa.
Indios le abrieron sendero
Hacia do relampaguea
Con sus garzas Tamanaco
Tiempos bellos de la aldea.

Ante tal situación, y como pitiyanqui poco creativo, se promueve la realización del concurso "Montarascales Áidol". Se toma la batuta, como escaut, para realizar la búsqueda de candidato(a)s interesado(a)s en participar en tan fastuoso evento a llevarse a cabo en el marco de la gran celebración. Se comisiona a la ascendencia vallepascuense de Mayré Martínez (los pipas), para convencerla de integrar el jurado con Alí Landaeta y El Rastrillo-Rosquillo. Se anexa la pista para grabar la voz cantante y devolverla antes del último día de febrero, de esta forma se efectuará el necesario descarte de todo(a) cantamaluco y se anunciarán los diez finalistas:
http://www.youtube.com/watch?v=vkK2a9KweAs&feature=related.
Favor enviar la grabación en mp3 al correo Up Supra.

Ahora más serios: Han transcurrido veinticinco décadas desde cuando por allá en 1760 fue puesto en marcha por el fraile Árdales, período que sugiere una comunidad joven y que ha significado para los pobladores intensa travesía por escenarios variopintos a lo largo de unas diez generaciones.

No se abordan aquí temas álgidos como el balance existencial ni la situación actual o los retos relacionados; sin embargo, se aprovecha la oportunidad para hacer un llamado a la autoridad local para que demuestre sus capacidades a objeto de sacudir los cimientos aletargados de la colectividad, permitiendo impulsar una oleada de desarrollo y progreso a largo plazo en aras del bienestar de los habitantes. Rescatar lo mejor de nuestras tradiciones, colaborar a darle máxima difusión en un mundo globalizado y avanzar en un esquema de oportunidades de empleo digno y productivo, combinado con la instalación de una sólida infraestructura en salud, educación y cultura. Nuestro pueblo lo merece y lo exige.

Estas acciones impulsarán la transformación hacia una localidad moderna, pujante y vibrante, permitiendo fortalecer y expandir sus capacidades agropecuarias, abriendo campo al desarrollo de necesarias actividades industriales.

La diferencia entre ser recordado con beneplácito o quedar en el basurero de la historia estará entre atender o no a esas gentes que según Ramón J. Velásquez: libran a diario la batalla del trabajo bajo soles inclementes, desamparados de Dios y olvidados de los poderosos, alegres en su soledad, duros frente a la adversidad, prójimos del prójimo y enemigos sin dobleces. (
Contestación a De Armas Chitty en la ANH).

En otro orden de ideas: Llevamos arraigada en nuestro ADN una profunda pasión por la llaneridad. Somos llaneros por los cuatro costados y orgullosos de nuestros orígenes, como se observa en la chispa de este anónimo:

Yo nací en los mismos llanos y me llamo Ladislao
Soy un turupial pu’el pico y un tigre por lo pintao
Yo soy más bravo que un toro y más ágil que un venao
Yo me resbalo en lo seco y me paro en lo mojao

Esos versos reafirman nuestra veneración por los prodigiosos poetas llaneros, cuyas obras constituyen legado invaluable e imborrable, y en las que han expresado su sentir dejando fiel testimonio de su paso por estas tierras.

Admiramos la virtud, entre otros, del local Rafael Aníbal Chicho Anzoátegui Seijas para idear acrósticos y sonetos, del santamarieño Argenis Rodríguez, del zaraceño Ernesto Luís Rodríguez, del calaboceño Francisco Lazo Martí, del barinés Alberto Arvelo Torrealba, y del apureño de los lados de Guachara: Don Julio César Sánchez Olivo:

Mi verso viene del llano
y vuelve al llano:
de allá viene, hacia allá va,
por el rumbo del recuerdo.
Como me lo dio la tierra asimismo lo devuelvo
Rudo, orgulloso, sencillo sin adornos forasteros.

Otros escritores y poetas han sido hostigados por el amor y el dolor. Charles Dickens, en Barnaby Rouge, narra su tormento por el recuerdo de la amada muerta, sentimiento plasmado por Lazo Martí en este poema monumental:

Hoy, como ayer, andando a la ventura,
absorta la mirada, lento el paso,
trayendo margaritas del Ocaso,
miro bajar la noche a la llanura.

Más de pronto, pensando que fue triste,
pensando con dolor, pensando en ella,
me arrodillo en el polvo del camino
que en hora igual de gozo vespertino,
recibió las caricias de su huella

Oh, destino de todos los que amaron!
Oh, destino cruel!
Tú me condenas
a buscar en las móviles arenas
unas huellas que ha tiempo se borraron.

Otro ejemplo dramáticamente conmovedor lo muestra Miguel de Cervantes, en una epístola escrita in extremis:

Puesto ya el pie en el estribo
con las ansias de la muerte,
gran Señor, ésta te escribo.

Esos casos sublimes resaltan nuestras limitaciones líricas, expresadas por el mismo Cervantes en su obra Viaje del Parnaso (patria simbólica de los poetas), con este terceto:

Yo, que siempre trabajo y me desvelo
por parecer que tengo de poeta
la gracia que no quiso darme el cielo [...]

No obstante, se finaliza aportando de lo poco que queda:

Pido cancha para buscar la musa
Que salte del pecho entusiasmada
Sin reparar en condición diezmada
De mi mente seca y ya confusa.

Cargo a cuestas ese pesado fardo
Buscando con afán el verso esquivo
En noches largas que sólo consigo
Febril delirio del insomnio amargo.

Llega el alba, va rayando el día
Despunta el sol en el firmamento
Quiere el corazón saltar violento
A ver si palpita la musa tardía.

Mantengo la porfía, tregua no pido
Con gran frenesí le pongo empeño
Busco al verso para ser su dueño
Más sólo brota: Viva Tucupido!

domingo 31 de enero de 2010

De Caracas pa' láisla


Aquí voy, con mi jacha

De Caracas pa' láisla

Degnis Romero

¿Quién lo hubiera creído? ¡Fines de mundo! ¡Qué momento! ¡Los gloriosos Leones del Caracas, lo volvieron a hacer! Ganaron una gran final de antología, mostrando valor y coraje excepcionales. Sacaron la garra y vinieron de atrás, con un equipo remendado y víctima de improvisaciones. Contra viento y marea, contra los eternos rivales (pasaron a vida eterna) que difícilmente volverán a exhibir un equipo de esa calidad y contra el bocón mayor: Saladino Pavarotti.

Micoven debe estar consumiéndose en su bilis y no es para menos. Después de todo, el furibundo habla-paja ha sido el principal vapuleado de la contienda. Se creía ganador y le dieron hasta por la cédula. ¡No pega una! ¡Tas ponchao!

Pero no voy a perder tiempo en ese chinchurrio, ya le he dicho lo inmundo que es, lo que se merece y todo lo que me ha dado la real gana (nunca será suficiente). Se sabe que eso no le hace mella, porque, como dice (y como a cualquier otro sinvergüenza), lo absolverá el chiquero de la historia.

Por lo pronto los Leones lo mandaron a meterse la lengua donde no le pega el sol y a lavarse el sitio con creolina, gritando a viva voz y a mandíbula batiente: ¡LIBERTAD!

De este lado lo que hay es gozo infinito, marejadas de placer, pasión desbordada, deleite frenético y arrebatos de fruición, comparados sólo con episodios conscupiescentes.

No podía ser de otra manera, luego de sufrir hasta la saciedad de pitas, burlas, arepazos, ofensas, pazguatadas y pare de contar, a través de todas las formas de comunicación posibles (llamadas, mails, mensajes de texto, telepatía, etc.), de turcos ensoberbecidos, con la altivez y la arrogancia del que, por creerse superior, desprecia y humilla a los demás.

Sin embargo, aguantamos callados, con estoicismo y humildad, exceptuando a la que se puso extremadamente ladi (Salmo 37:11 Pero los humildes poseerán la tierra y gozarán de una gran felicidad. Mateo 5:5-4 Bienaventurados los humildes, pues ellos heredarán la tierra); a sabiendas de la desventaja en el papel, llevando más palo que burra floja y observando el descalabro del picheo abridor en los dos primeros juegos, con scores de 9-0 y 12-10.

La serie llegó a Caracas 0-2, y el otro importado de última hora salió barato permitiendo sólo tres carreras. Ahí se le salió la primera rueda a la carreta 5-3.

En el cuarto juego Caracas remontó la desventaja de 1-7, para llegar al último inning con apenas una carrera en contra 6-7. El manager del año (recordando el abuso de traerlo cuando ganaba 9-0) trajo al Kid (había anunciado que venía a desquitarse de los Leones) y a falta de un out llegó la apoteosis de Gregor Blanco (MVP), empatándole el partido con un jonrón laberíntico por el right field (había dado sólo uno en 228 turnos, durante toda la campaña regular).

Lo dije y lo repito, con ese resultado me daba por satisfecho; en particular por el placer orgásmico de verle la expresión de pánico, el temblor beribérico y la cara de orto que puso el cerrador (y patán) No. 1 del big show. Con una sonrisa entre los dientes dije para mis adentros: El fantasma de los Tiburones ronda el estadio. ¡Cuidao les sale un muerto!

Esa noche dormí tranquilo, bajo un sopor erógeno y como producto de bajarme, en incontables oportunidades, cocos inyectaos con el viejito‘e la chiva. ¡Qué vaina tan buena!

Al día siguiente el asunto volvió a la normalidad, otras nueve arepas para aderezar el regreso a Valencia, con el rabo contra la pared, listos para la estocada final. Se fue El Hacha y ponen a un tripón en su lugar. ¡Qué bols! Casa llena, record de asistencia. Hoy nos los gozamos, dijeron.

Desde el viernes tengo los teléfonos desconectados y los pelos de punta. Bloquié mi puerto USB extrasensorial, no abro correos y monté un scarecrow para espantar a las palomas mensajeras y a los pájaros de mal agüero. Pongo las pastillas de alcanfor y hago mi retiro espiritual en la santa capilla. Bebo solo y monto en pelo. ¿Y qué?

Se le sale otra rueda a la carreta. Gustavo Chacín les regala siete ceros y la lavativa se empata. ¡Ay, papá!

Le toca al gringo pichar el bonito. El tipo es bueno, espero que no le hagan más de tres. Del otro lado la cosa se ve peor, se va el short stop y ponen a un poeta?, Ryan está lesionado, Bonifacio no ha visto más luz, hay uno que otro que no le da un palo a nadie. Me vuelve el alma al cuerpo y me alzo. Digo sin disimulo: ¡Mañana Caracas es el macho!

Toca un paréntesis aclaratorio. ¡No soy misógino! Para mí, la mujer es la más sublime creación divina. Es más, estoy convencido que Eva apareció antes que Adan (quien si lo era antes de probar la manzana, por eso inventó el cuento de la costilla). Además, es la criatura más compleja de la naturaleza, no sólo por su capacidad de albergar la gestación de la especie humana, sino porque es más difícil de entender que los orígenes mismos del universo. Otra hipótesis es que fue enviada desde el espacio exterior por alienígenas cuyo mundo estaba en proceso de extinción (sin agua, ni luz, ni papa), como instrumento de dominación del planeta.

He sido admirador de la música de Julio Iglesias, a riesgo de ser tachado de cursi, y coindicimos en algo más importante, según se desprende de una respuesta suya a la pregunta de cuál considera que es el mejor vino: -El mejor vino lo hace la mujer con la que estés y las piernas que tenga.

Cierro el paréntesis divagante y llega el día final, los turcos montan una parafernalia sospechosa: uniforman a Guillen y llevan a Sandoval en helicóptero al estadio, tienen varios días enfriando la champaña. La mesa está servida.

Ocurre el milagro desde el propio primer inning. Gregor repite la dosis (¡Qué grande es!), un mal bound por primera y unas comiquitas en el short y en el home, para que los Leones se pongan en ventaja 4-0. De allí en adelante comienza el sufrimiento y la cuenta regresiva de 27 outs.

Sudo, resoplo, me quejo, reclamo, vocifero, me pongo grosero, me sirvo otro y me acuerdo de cuando pedía contribución pa’l viejo’e la chiva, con Pelón Ruíz, a todo el que pasaba por la esquina de su casa. Eran los tempranos años setenta, mejores tiempos para el país (cualquier gobierno ha sido mejor que esta piltrafa) y para el béisbol. Provocaba ir al estadio y hablar con los jugadores, estrellas nativas de la talla de: Víctor Davalillo, César Tovar, Baudilio Díaz, Marcano Trillo, David Concepción, Antonio Armas, etc.; alternando con importados de lujo como: Dagoberto Campaneris, Rod Carew, Diego Seguí, Cito Gaston, Luís Tiant, Bob Darwin, etc.

Termina el cuento, ganamos. Los Leones transitan el sendero cubierto de laureles al que están acostumbrados. Gritan: ¡y dónde están!, ¡y dónde están!... Destapo una de La Viuda, que fue como empezaron a decirle a la mujé mía hace más de 20 años, creyendo que se me desataba una cirrosis fulminante. Salgo pa’l medio’e la calle y celebro hasta el amanecer; el frío es intenso pero la sangre está en ebullición.

Ahora preparo mis macundales para ir a la isla. Por allá te caigo Ramón Darío; mientras recuerdo el
gíglico de Cortázar: de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa.

viernes 29 de enero de 2010

CARACAS CAMPEÓN

LOS GLORIOSOS LEONES HICIERON EL MILAGRO


domingo 24 de enero de 2010

La música latina


Reseñas hasta los 50s del siglo XX

La música latina

Degnis Romero

Este breve repaso comienza con la nota de María Electa Torres Perdomo, en su trabajo
Apuntes acerca de la historia de la música: El siglo XX es considerado como el de la música latinoamericana. El nacionalismo logra el pleno desarrollo como una forma de manifestarle al mundo su existencia y su identidad nacional. En este periodo se escriben las páginas musicales no sólo de los países fuertes en este rubro como México, Brasil, Cuba o Argentina, sino también el resto de países que forman el gentilicio latinoamericano como creador de música. Se refiere a la música clásica, pero ello se puede proyectar hacia la música popular de dicha centuria.

La página de la
Fundación José Guillermo Carrillo, aloja una extraordinaria Biblioteca de Música del Siglo XX, con más de 25 mil canciones, donde se puede escuchar a: Luís Alfonzo Larrain (Esta es Venezuela, de César Viera y Te caigo a tiro, de Manolo Monterrey), Esther Borja (Ausencia, de Jaime Prats y El Manisero, de Moisés Simmons), Eduardo Brito (Capullito de Alelí y Campanitas de cristal, de Rafael Hernández Marín), Alberto Beltrán (Amor perdido, de Pedro Flores), Bobby Capó (Si me comprendieras, de José Antonio Méndez, Quizás, Quizás, Quizás y Son tres palabras, de Osvaldo Farrés), Pedro Infante (Cien años, de Rubén Fuentes y Alberto Raúl Cervantes González; Amorcito corazón, de Manuel Esperón González y Pedro de Urdimalas), Federico Arturo Tito Guízar Tolentino (Amapola, de Joseph M. Lacalle, 1924), Francisco Pacho Galán (Ay, Cosita Linda y La butifarra de Pacho), María Isabel Chabuca Granda y Larco (La flor de la canela y Fina estampa), Miguel Aceves Mejía (No volveré, de Ernesto Cortázar), Rafael Colón (Por la vuelta, de Enrique Cadícamo y José Tinelli; Frío en el alma, de Miguel Ángel Valladares), Francisco Alves de Morais (Malandrinha, de Francisco José Freire Júnior), Agustín Lara (Ángel Agustín María Carlos Fausto Mariano Alfonso Rojas Canela del Sagrado Corazón de Jesús Lara y Aguirre del Pino) (Aventurera; Arráncame la vida; Enamorada; Palabras de mujer), Dámaso Pérez Prado (Sabor a mí, de Álvaro Carrillo Alarcón; Frenesí, de Alberto Domínguez; Historia de un amor, de Carlos Eleta Almarán; Mambo 5; Guadalajara, de José Pepe Guízar Morfín), Carlos Gardel (La violetera, de Francisco García Jiménez y Anselmo Alfredo Aieta; Mis flores negras, de Julio Flores y Félix Scolati Almeyda; La cumparsita, de Pascual Contursi, Enrique Maroni y Gerardo Matos Rodríguez), Jesús Chucho Sanoja (Lamento náufrago, de Rafael Campos Miranda; Marina, de Rocco Grancia; Sin corazón en el pecho, de Aurelio Machin; Cumbia sampuesana, de Joaquín Betín; Entre palmeras, de Avelino Muñoz), Jorge Negrete (Allá en el rancho grande, de Juan Díaz del Moral; La feria de las flores, de Jesús Monge Ramírez), Ernesto Lecuona Casado (La malagueña; Maria la O; Damisela encantadora; Siboney), Benny Moré (Tú, sólo tú, de Felipe Valdés Leal; Esta noche corazón, de Chucho Rodríguez; San Fernando, de Lucho Bermúdez), Francisco Hilario Panchito Riset Riser (Te odio y te quiero, de Enrique Alessio; Llanto de luna, de Julio Gutiérrez; De cigarro en cigarro, de Luis Bonfa & F. García Jiménez; Flores negras, de Sergio de Carlo; Blancas azucenas, de Pedro Flores; Cita a las seis, de Adolfo Salas), Pedro Vargas (Candilejas, de Charles Chaplin; Espérame en el cielo, de Paquito López Vidal), Isabel Chavela Vargas Lizano (Luz de luna, de Alvaro Carrillo Alarcón; Toda una vida, de Osvaldo Farrés; Tú me acostumbraste, de Frank Domínguez), entre otras.

La Sonora Matancera, muestra la evolución de la música cubana desde los años veinte, incluyendo su época de oro entre 1947 y 1959, con canciones y voces relacionadas así: No te Equivoques Conmigo, de Valentín Cané; El Juego de la Vida, de Edmundo Medina (Daniel Santos); Los Aretes de la Luna, de José Dolores Quiñones (Vicentico Valdés); Tu Rica Boca, de Aurelio Machín (Carlos Argentino); Tu Voz, de Ramón Cabrera (Celia Cruz); Hay que Vivir el Momento, de Miguel Ángel Valladares (Miguel de Gonzalo); Piel Canela, de Bobby Capó; Angustia, de Orlando Brito (Bienvenido Granda “El bigote que canta”); Yo Vivo mi Vida, de Federico Baena (Leo Marini); ¿Quién Será?, de Pablo Beltrán Ruiz (Nelson Pinedo); El Muñeco de la Ciudad, de Adrián Pérez (Nelson Pinedo); Amor sin Esperanza, de Luis Kalaf (Celio González); Aunque me cueste la Vida, de Luis Kalaf (Alberto Beltrán); Río Manzanares, de José Antonio López (Víctor Piñero); Delirio, de Ramón Cabrera (Carmen Delia Dipiní), etc.

Desde México se oyen otras canciones como: La cama de piedra y El mil amores, de Cuco Sánchez; Bésame morenita, de Adán Sánchez; Yo no me caso compadre, de Federico Curiel; Cucurrucú paloma, de Tomás Méndez Sosa; Pénjamo, de Joaquín Pardavé; Con un polvo y otro polvo, y Copa tras copa, de Rubén Méndez y Rubén Fuentes; Carta a Eufemia, de Salvador Flores; El gavilán pollero, de Ventura Rimero; Despierta, de Gabriel Ruiz y Luna De La Fuente; La verdolaga de Rubén Fuentes; A la orilla del mar, de Manuel Esperón y Ernesto Cortázar; La calandria, de Manuel Hernández; Yo soy el aventurero y Mauricio Rosales, de Antonio Aguilar; y estas de José Alfredo Jiménez: Sonaron 4 balazos, El rey, Camino de Guanajuato, Corazón, corazón, Cuatro caminos, El jinete, La media vuelta, La que se fue, Llegó borracho el borracho, Pa todo el año, Canta, canta, canta, Deja que salga la luna,
Serenata Huasteca, Si nos dejan, Tú y las nubes, Un mundo raro y Paloma querida.

En esta breve lista por décadas, de la primera son: Mis flores negras (1901), de Julio Flores y Carlos Amable Ortiz y El Choclo (1903), de Ángel Gregorio Villoldo Arroyo. De la segunda es La Cumparsita (1917). En los años veinte Ricardo López y Guty Cárdenas, componen Nunca, y Miguel Matamoros, crea: Lágrimas negras, Son de la loma, El que siembra su maíz y Camarones y Mamoncillos:

Allá por el año tres/se bailó mejor el son
al derecho y al revés/mamoncillo y camarón.

De los años treinta son: María bonita, Granada y Madrid, de Agustín Lara; Vereda Tropical, de Gonzalo Curiel; Perfidia y Frenesí de Alberto Domínguez Borras; Aquellos ojos verdes, de Adolfo Utrera y Nilo Menéndez, Mi Buenos Aires querido, El día que me quieras y Por una cabeza, de Alfredo Le Pera y Gardel; La Feria de las Flores, de Jesús Chucho Monge; Perfume de Gardenia, de Rafael Hernández; Cambalache, de Enrique Santos Discépolo, etc. En 1939 nace el Mambo, con Orestes López y Danzón Mambo. De los años cuarenta son: En de que te vi, de Luis Bahamonde; La Maricutana, de Radhamés Reyes Alfau; Recuerdo de Ypacarai y Mis noches sin ti, de Demetrio Ortiz; Bésame mucho, Cachito y Verdad amarga, de Consuelo Velázquez Torres y, entre otras, el porro El Caimán, de José María Peñaranda:

Una vieja y un viejito/se cayeron en un pozo
y la viejita decía/ay qué pozo tan sabroso

Y en los cincuenta se escucha a: Cabeza de Hacha, de Noel Petro; Nuestro Juramento, de Benito de Jesús; Desafinado, de Antonio Carlos Jobim y Newton Mendonça; Negrura, de Chucho Cisnero, y las del trío Los Panchos, entre muchas.

Luís Alberto Guerrero, explica en su artículo Más historias sobre el bolero: Las canciones de "Los Panchos" nos llegaban en frágiles discos de carbón del sello "Columbia", de etiqueta roja o naranja. Había que tocarlos con "pick-ups" de agujas de acero, que a las fiestas había que llevar en cajitas (cada aguja no duraba sino para tres o cuatro canciones) porque la punta se gastaba al recorrer los surcos de los discos, que giraban a 78 revoluciones por minuto.

En
El bolero y la educación sentimental en México, María del Carmen de la Peza, analiza las letras de 625 boleros (1887-1987), basándose en los cancioneros conmemorativos: Cien años de bolero (Jaime Rico Salazar, 1988) y Un siglo de bolero (Héctor Madera Ferrón, sf). Además, está el trabajo de Fernando Linero Montes: El bolero en sus propias palabras.

Por otra parte, Luis Delgado Aparicio-Porta, escribe lo siguiente en
El Discurso Fenomenológico del Bolero: Como decía el poeta colombiano Juan Gustavo Cobo Borda, el bolero es "la fenomenología del amor o cómo decir te quiero". A esto hay que agregar una interesantísima investigación hecha por Tony Évora en el Libro del Bolero (Alianza Editorial, S.A., página 407 y sgts. - Madrid, España, 2001) al señalarnos en una reveladora selección "la clasificación" sociológica del Bolero respecto a los títulos, secciones y temática. Así por ejemplo:
Por Empleos: "Camarera del Amor", "Te Vendes", "Boletera".
Desesperanza: "Esperanza inútil", "No Vale la Pena", "Delirio", "Obsesión".
Abandono: "Nosotros", "Historia de un Amor", "Que seas Feliz".
Injurias: "Callejera", "Pecadora", "Una Cualquiera", "Mentiras Tuyas".
Imposibles: "Fiebre de Ti", "Soy lo Prohibido", "Se Fue", "Compréndeme".
Despecho: "Soberbia", "Qué Pena me Da", "Cruel Desengaño", "Ausencia".
Añoranza: "Angustia", "Pensando en Ti", "Noche de Ronda", "Vuelve".
Ruptura: "Amor Fugaz", "Lo nuestro Terminó", "Recuerdos de Ti".
Masoquista: "Arráncame la Vida", "Miénteme", "Perfidia", "Júrame".
Lugares: "Oración Caribe", "Dos Caminos", "En mi Viejo San Juan".
Tiempo: "Parece que fue Ayer", "Toda una Vida", "Vendaval Sin Rumbo".

Remata de forma lapidaria: En la noche habanera de 1940 circulaba en las calles un canto gitano anónimo que hacía temblar a las parejas al amanecer. Este decía:

"Ni contigo ni sin ti
Tienen mis males remedio;
Contigo, porque me matas,
Y sin ti porque me muero".

Como complemento, se recomienda el interesante trabajo El Bolero: Historia de un amor y de algo más, de Júlio Rodríguez Puértolas, donde describe la estrecha relación entre el bolero, la literatura y la poesía. Además, cita numerosos trabajos relacionados, llamando la atención esto: Más vividamente cuenta Lisandro Otero los orígenes de Agustín Lara: comenzó de pianista en un burdel [...]; los boleros de Lara hacían sollozar a las putas, en medio de francachelas y balaceras, en el harem más lujoso de México, aquel de doña Mariquita, que disponía de un salón elegante en la planta alta para los clientes de sustancia, y un desenfrenado salón de baile en la planta baja para reclutas imberbes; y fue allí donde Agustín Lara, enamorado de la belleza de Magda, compuso su primer bolero.

Clasifica los boleros y habla del amor macabro: No falta lo macabro en los valses criollos peruanos, con lo que vemos que esta especial sensibilidad incluye en la práctica todo el ámbito latino: "Yo te pido, guardián, que cuando muera / borres la huella de mi humilde fosa, / y no dejes crecer enredadera / ni que coloquen funeraria losa". Pero en Cuba, con texto del colombiano Julio Flores, Alberto Villalón compuso la popularísima
Boda negra, "bolero capricho" (basada en un hecho real ocurrido en el cementerio de La Habana), y con versiones en diferentes países hispanoamericanos… mientras que la versión cubana sigue con su aire neorromántico y tétrico: "En una noche horrenda hizo pedazos / el mármol de la tumba abandonada [...]. Ató con cintas los desnudos huesos / y el yerto cráneo coronó de flores, / la horrible boca le cubrió de besos / y le contó sonriendo sus amores; / llevó a la novia al tálamo mullido, / se acostó junto a ella enamorado, / y para siempre se quedó unido / al esqueleto lívido abrazado".

Hector Rago, pregunta en Cursilorogia del Bolero: ¿Es el bolero hijo legítimo de una ancestral cursilería? Como ejemplo añade: En el clásico del romanticismo alemán, el joven Werther desbordado por la pasión le dice a su bienamada Carlota: Entonces volaré a tu encuentro, te tomaré en mis brazos y nos uniremos en presencia del eterno….Al borde del sepulcro brilla para mí la verdadera luz, ¡volveremos a vernos!
En cambio por estas latitudes, en similares circunstancias, la dolorosa melancolía lleva a cantar:

Hemos jurado amarnos hasta la muerte
Y si lo muertos aman
Después de muertos amarnos más

Pero el cursi no es Wolfgang Goethe, sino Olimpo Cárdenas y Julio Jaramillo
.

Más adelante, agrega: En este juego de espejos intercambiables se da un proceso identificatorio en el que el discurso meloso y melodioso del bolero actúa como catalizador, y al final somos damas o señores, somos princesas o príncipes; es decir, el protagonista soy yo porque ese bolero lo hicieron precisamente a mi medida, yo serví de inspiración. Como él es, yo soy; su letra soy yo porque ese bolero es mío.

Claro que todo depende del cristal con que se mire, ya que esta última referencia nos recuerda la anécdota del pana que vivía en una pensión y tenía un vecino gay en el cuarto de al lado. Cuando el pana se bañaba, el tipo, al oírlo enjabonarse, le cantaba esa de Mario de Jesús, al estilo de Javier Solís: Ese Bolero es mío. El tipo no parecía tener nada de cursi.

Notas finales:
_ El nombre completo de Agustín Lara se parece al del otro pana: Cara’e Culebra.
_ A los que escucharon el estreno de estas canciones no les debe molestar que les digan que se les cae la cédula, siempre y cuando todavía respiren de manera autónoma.
_ ¿A quién más se le cae al oír a
Yolanda, de Rafael Otero, en la voz de Lucho Bowen? ¿Acaso sigue enamorado de la luna como Pierrot, o como el toro aquél (pero mucho más viejo)?
_ ¡Al que le caiga le chupa!


lunes 18 de enero de 2010

La música en Venezuela

Lluvia de perseidas o lágrimas de San Lorenzo en druta.wordpress.com

Recopilación de reseñas históricas

La música en Venezuela

Degnis Romero

Las siguientes referencias, que van desde la época colonial hasta finales de los años cincuenta del siglo XX, comienzan con el trabajo de Eladio Mujica,
La Guitarra en Venezuela: Para entender mejor el proceso de la guitarra en Venezuela es preciso retroceder un poco hasta ubicarnos en el siglo XV y principios del XVI, cuando en cumplimiento de órdenes explícitas dadas en 1497 por los Reyes Católicos a Cristóbal Colón, los conquistadores debieron introducir por primera vez una pequeña guitarra de cuatro órdenes dobles que luego de varias "mutaciones" daría origen al cuatro venezolano: "Asimismo deben ir, algunos instrumentos e músicas para pasatiempo de las gentes que allá han de estar".

El instrumento que entonces se llamaba guitarra no gozaba de muy buena estima, tal como se desprende de ciertos comentarios de la época en los cuales no siempre aparece en un marco muy decoroso. "Se juntan diez hombres con una guitarra quedándose tres o cuatro a tocar y a cantar mientras que los demás trepan por las casas y las desvalijan. Las malas mujeres, hijas o criadas de algunos hombres, al oír tocar la guitarra, abren las puertas y duermen con los guitarristas quienes al irse no dejan de llevarse alguna cosa". En vista de ello, los procuradores decidieron que "después del toque de queda donde lo hubiese y después de las nueve de la noche hasta después de la salida del sol en los demás sitios, el guitarrista que fuese hallado con una guitarra en ciudad, villa o lugar público en que no se celebrase fiesta o boda muy concurridas con antorchas y luminarias, iría preso y además perdería la guitarra, las armas y la ropa que llevase".
Esta decisión logró, en buena medida, disminuir ese bochinche y permitir que evolucionaran sólo los serenateros roba-gallinas.

La siguiente pauta es de la Sociedad Venezolana de Musicología:
La Revuelta, de figura danzaria a forma musical, de Manuel Antonio Ortiz, donde indica: Seguramente, la palabra Joropo fue usada por primera vez con la significación de baile, tal como indica una ordenanza de 1749: “En algunas villas y lugares desta Capitanía General de Venezuela se acostumbra un bayle que denominan Xoropo escobillao, que por sus extremosos movimientos, desplantes, taconeos y otras suciedades que lo infaman, ha sido mal visto por algunas personas de seso”. (Lisandro Alvarado, 1984:238).

A continuación se agrega esta nota tomada de la página web de la
Red Escolar Nacional: 1770 fue un año de gran importancia para la historia de la música en Venezuela. El padre Pedro Palacios y Sojo, tío de Simón Bolívar, trajo de Roma y Madrid partituras, lo cual es el texto completo de una obra musical, e instrumentos musicales y fundó la primera Academia de Música. Nombró como director a Juan Manuel Olivares, quien era músico, compositor y ejecutante. En esta academia se formaron los integrantes del sorprendente movimiento musical conocido con el nombre de "Escuela de Chacao" motivado por el Padre Sojo.

La siguiente referencia se toma de un trabajo de Alexánder Lugo, publicado en
Fundatebas: Como señalamos al principio, el joropo había nacido en la Región Central de Venezuela, específicamente en los hermosos valles del Tuy y de Aragua, sus orígenes se remontan a la llegada de los españoles al Nuevo Mundo, a partir de esa época se introduce un ritmo español conocido como Fandango, el cual va a dar origen a diferentes tipos de bailes criollos en toda la Iberoamérica, así encontramos en México el jarabe tapatío, en Perú la zambacueca, en Chile la cueca, y en Venezuela el joropo. Los europeos llegados a las costas de Venezuela interpretaban en sus jolgorios un tipo de música conocida como Fandango, el cual era interpretado como una especie de Suite de diferentes piezas cortas que se ejecutaban para ser bailadas. Esos ritmos se popularizan en el país a finales del siglo XVIII, y son ejecutados en diferentes instrumentos europeos, como las bandurrias, las vihuelas, las mandoras, el arpa clásica y el clavecín.

Como complemento, se agrega el trabajo de Héctor Rago,
La Música de las Bandolas: La música del llano tiene una procedencia marcadamente española y salvo la incorporación de las maracas y algún que otro giro cadencial, no se advierten rasgos aborígenes en los joropos ni los pasajes llaneros. Tampoco los giros rítmicos ni la atravesada síncopa africana que tanto impregnan la música de nuestras costas, aparecen en la música del llano. Es la música del criollo, música y poesía de la pobreza, música y poesía de hombre en tierra desamparada, "sin alante, sin arriba, sin orilla y sin atrás", música de labrador a solas, de canoero sin canoa y río sin canoero, de Dios arriba horizonte abajo y hombre sediento en el medio, música y poesía de la ingrimitud de una bandola con un bordoneo de rumor de aguas lejanas en las orillas del amor y de la muerte. Lo ratifica Alberto Arvelo Torrealba, en Ojos Color de los Pozos. Y si acaso no estamos total y devastadoramente convencidos, nos remitimos a Pedro Emilio Sánchez, y su hermoso "Romance en la Lejanía".

Más adelante, en el capítulo V, refiere Hector Rago: La bandola es y ha sido instrumento plebeyo, rural y hasta de baja ralea. Miguel Acosta Saignes advierte un aviso publicado en 1815: “Se busca un negro llamado Román, de buena cara, muy retinto y muy fornido, buen destilador de aguardiente. Sabe hacer azúcar y papelones y es aficionado a tocar el tres y la bandola. Se ofrecen 100 pesos de gratificación a quien lo aprehendiera”.

Por esos años la bandola acompaña a los libertadores en las guerras de independencia. Cuentan que "El Catire" Páez gustaba de montar joropos al cielo raso en tiempos de campaña y tomar como "pareja" a alguno de sus soldados para disfrutar al rezongo de una bandola, de los placeres del baile. Datan de aquellos tiempos la tradición de cantarle a los héroes y a sus batallas, a los Ulises y al sitio de Troya de nuestra Ilíada privada, escrita por un ubicuo Homero llamado "pueblo", en cara imagen de Aquiles Nazoa.

Imaginemos pues a Páez luego del triunfo en "Las Queseras del Medio", escuchando un largo requisito, especie de introducción "ad libitum" en la que el bandolista intima con su instrumento, se amaña a él en el transcurso de una cadencia infaliblemente española, que nos recuerda a Arvelo Torrealba en aquello de:

En un verso largo y hondo
se le estira el tono fiel
en su América andaluza
en lo español barinés

Y luego del requisito, revienta la vorágine del joropo, y el cantador recupera el papel del juglar medieval para narrarnos en tiempo de Pajarillo los pormenores de la batalla de las Queseras del Medio (1819), en "Catorce Cargas por la Libertad", de Eduardo Hernández Guevara.

Agrega Rago: Cuentan que la víspera de la batalla de Ayacucho quebrantaron el toque de queda alborotando el silencio con el tremolear de una bandola oriental. Cuentan también que el castigo impuesto por el Mariscal Sucre, fue la prohibición de participar en la batalla al día siguiente!! (1824).

Jesús Ignacio Pérez Perazo dice en histomúsica: El general José Antonio Páez fue también músico, compositor y mecenas musical. Es autor de varias obras, entre ellas: Escucha, bella María; La Flor del retiro; El Vendedor de pescado y un O Sanctissima.

El colombiano Miguel Ángel Martín Salazar en su libro
Del Folclor Llanero, refiriéndose al origen del bambuco, expresa: Se ha dicho que el bambuco nació del tiple y que inicialmente fue música de trovadores. En 1820 era tonada y lo tocaban en los campos de batalla. Al subir a Socha, los llaneros cantaban tonadas o galerones. Parece que el verdadero origen de la palabra está en las bambas que se cantaban en los bailes llaneros: bambas (bambucas, bambucos). “Este es el bambuco zamba/que bailan en San Martín/y lo bailan las mocitas/con la mano en el cuadril”.

En la página web colombiana de la
Biblioteca Luís Ángel Arango, además del trabajo del bambuco, es posible acceder a una interesante muestra sonora de Música de la Época del Libertador Simón Bolívar, resaltando entre otras: La Vencedora, contradanza que fue ejecutada en el propio campo de Boyacá, por una fanfarria que integró el coronel José María Cancino; La Libertadora, contradanza de autor anónimo compuesta para la entrada triunfal de Bolívar a Bogotá, después de la batalla de Boyacá (1819); Las Cornetas, pasodoble que figura en el Cuaderno de Guitarra de Carmen Caycedo, utilizado para los honores militares al Libertador en el Palacio de San Carlos; La Guaneña, bambuco tocado por el Batallón Voltígeros, cuando el general José María Córdoba dio la carga decisiva de la Batalla de Ayacucho con la orden: ¡Paso de vencedores!; La Trinitaria, obra con el espíritu de la Contradanza pero con una tendencia a la Polca que, según la tradición, perteneció al Libertador y se piensa que era una de sus piezas de baile predilectas; Marcha Para Los Funerales Del Libertador, compuesta por el maestro Francisco Seyes, ejecutada por la Banda del Batallón Militar en la ocasión para la cual fue escrita.

El investigador Ramón Páez en esta nota de 1846 dice: Las noches se dedicaban a bañar y a cantar a la luz de una media docena de candiles o lámparas hechas de barro y alimentadas con manteca de caimán. Como las casas se hallaban a lo largo del río, empleamos cierto número de hombres con el propósito de traer compañeros para el fandango, como se llama a estos nocturnos jolgorios.

Alexánder Lugo, dice en su trabajo La Música en la Escuela: En Caracas, y a partir de 1870 se creó un movimiento nacionalista que se manifestó por la creación de música venezolana para piano, orquestas clásicas, orquestas de baile y bandas de conciertos. Allí destacan como compositores de joropo para piano: Teresa Carreño, Federico Vollmer y Ramón Delgado Palacios. Desde esa época comienza el auge popular ya en el ámbito nacional de los joropos como tema nacional, con predominio de las retretas y recitales de pianistas, así como una costumbre que se extendió por todo el país como es la de terminar los bailes familiares con música de joropo. Quizás por ser Caracas el sitio de Venezuela donde por primera vez el estudio de la música se sistematiza, la música tuvo un crecimiento importante, a partir del auge de las academias y las escuelas especialistas, donde se dio origen a un joropo de autor, muy bien elaborado, de varias partes y escrito principalmente para intérpretes virtuosos y grupos orquestales. Esto posibilitó el ambiente para la popularización de un joropo de concierto, entre los que destacan aquellos escritos por compositores de la talla de Sebastián Díaz Peña, autor de La Marisela; Francisco de Paula Aguirre, con su tema Amalia; Carlos Bonett y el Quitapesares; Moisés Moleiro y su Joropo de concierto para piano; y Pedro Elías Gutiérrez con el Alma Llanera, tema original de una zarzuela caraqueña estrenada en Caracas en 1914.

Sacven registra buena parte de la creatividad en el siglo XX, así: El gabán (1914); Música de cuatro (1928), Cantas (1932), Glosas al cancionero (1940), Florentino y el Diablo (1940/1957) y Caminos que andan (1952), de Alberto Arvelo Torrealba; Conticinio (1922), de Laudelino Mejías; Morir es nacer (1932), de Rafael Andrade; Brisas del Torbes (1939) y Aire de Verde Montaña, de Luis Felipe Ramón y Rivera; El Petróleo (1941), Compae Pancho y La pelota de Carey, de Lorenzo Herrera; Carmen la que contaba dieciséis años, las brumas del mar y Préstame tu máquina de Balbino García; Guayabo negro y María Laya, de Ignacio Indio Figueredo; Dama Antañona y Claveles de Galipán, de Francisco de Paula Aguirre; Soy de los Andes, de Maria Isabel Sánchez de Caruci; Por el Camino, de José Reyna; Valencia, Concierto en la llanura, y Rosario de Juan Vicente Torrealba; El norte es una quimera de Luis Fragachán; Chaparralito llanero, El beso que te di, Traigo polvo del camino y Amorcito de mi vida, de Augusto Braca; Pluma y Lira, de Telésforo Jaimes; El Cigarrillo y Pablera, de Juan Ramón Barrios; Barlovento, Arpa, San Juan to´ lo tiene y Frente al mar, de Eduardo Serrano; Desesperanza y Ven sin que te detengas, de María Luisa González Gragirena; Las Bellas Noches de Maiquetía y Noches Larenses, de Pedro Arcila; Un Rumor, de Enrique Quijano Moreno; El Romantón, de Francisco Muro; Suéltala pa que se defienda, de Jeanes Campos López; Jarro Mocho, de Federico Vollmer; Venezuela, de Pablo Herrero y José Luis Armentero; Pregones Zulianos, de Rafael Rincón González; Sombra en los Médanos, de Rafael Sánchez López; El Cocotero, de Armando Molero; Maracaibo en la Noche, de Jesús Reyes; Dinner in Caracas (1952), Conde a Principal y Quinta Anauco, de Aldemaro Romero, entre otros.

Por si fuera poco, en el portal
venezuelatoda hay una excelente y acuciosa recopilación de música tradicional venezolana de todos los tiempos, clasificados por interpretes, géneros (llaman la atención las muestras de audio, p.ej. el de La Polca), compositores, etc.; entre las cuales se encuentran: Angelitos negros, de Andrés Eloy Blanco y Manuel Álvarez Maciste; Adiós a Ocumare (1906), de Ángel María Landaeta; Como llora una estrella (1915), de Antonio Carrillo; Brisas del Zulia, de Amable Espina; La barca de oro, Casta paloma y El sapo, de Alejandro Vargas; A ti te cantamos, de Ricardo Pérez; El cunavichero, de Ángel Eduardo Acevedo; El Gallo Zambo, La Inspiración del Chofer y La mujer y el radio, de Benito Quiros; Alma Cumanesa, Júrame, Río Manzanares y Dumbi Dumbi, de José Antonio López; Golpe Tocuyano y Amalia Rosa, de Celestino Tino Carrasco, y un extenso etc.

Desde los años treinta Billo es referencia obligada del quehacer musical en el país, por ello se cita a la revista
Notas Musicales de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado: Esa primera Orquesta bautizada por los dueños del Roof Garden como BILLO’S HAPPY BOYS e integrada por 14 músicos, todos dominicanos, tuvo el retiro de nueve (9) de sus integrantes a los cuatro (4) meses de su entrada al país y el reemplazo por músicos nativos.

En 1939 (como lo declara el propio Maestro Billo), la orquesta desapareció por el ataque de Fiebre Tifoidea, que llevó a Billo Frómeta al borde la tumba.

En 1940, nace la BILLO’S CARACAS BOYS, concretamente el 31 de agosto, según el propio Billo Frómeta. La Orquesta se constituyó con músicos que integraban a la “VENEZUELA’S BOYS” y sonsacados por Freddy Coronado.

En un catálogo de discos Víctor de 1940 sólo aparecen las grabaciones por la Billo’s Happy Boys de NADIE y de LA MULATA CARIDÁ. El primer título es original de Agustín Lara, y según informe de viejos barquisimetanos, fue compuesto por Lara durante su estancia en esta ciudad, ocurrida en 1939. Como autor de “LA MULATA CARIDA’” aparece en el disco el nombre de “J. LIMONTA”. Las mismas fuentes locales afirman que éste era un pseudónimo que adoptó Agustín Lara.

El primer disco de la Billo’s Caracas Boys contiene en una cara, a la guaracha “OJO PELAO” y la otra al arreglo instrumental en danzón, del vals “LAS BELLAS NOCHES DE MAIQUETIA”.

El sello disquero VICTOR se transforma a sello RCA Victor el año 1943. La Billo’s Caracas Boys produjo cinco (5) discos en el Sello Victor, todas por supuesto en 78 r.p.m., siendo sus cantantes, el dominicano Kuroky Sánchez y RAFAEL ERNESTO GALINDO, conocido artísticamente como RAFA GALINDO. La primera grabación de Rafa Galindo es un Bolero Son de FREDDY CORONADO : LA CITA.

Sale Kuroky Sánchez y entra el Guaireño Víctor Pérez. La Billo’s pegó entonces su primer jonrón disquero con el porro EL CAIMÁN, original del colombiano JOSÉ MARÍA PEÑARANDA, pero que es grabado primero por la Billo’s, con versos muy pudibundos, muy distintos a los que le fue poniendo la picardía popular y que tal vez alguno de los lectores recuerden.

En el año 1946, el matrimonio Billo-Venezuela tuvo un contratiempo, pues de la noche a la mañana se queda la orquesta sin cantantes…Billo echa mano del cuñado de Rafa Galindo, MIGUEL BRICEÑO y de MANOLO MONTERREY.

La orquesta cobra vida, su fama se extiende, comienzan sus actuaciones en Radio Caracas Radio con el programa A GOZAR MUCHACHOS. Las grabaciones se multiplican y se venden masivamente. Era una época en donde no había exclusividad de disqueras y mientras por un lado continúa haciendo discos con la RCA Victor, la Billo’s lanza en 1947 su propio sello disquero: el sello Billo roji– blanco. En él quedan impresos multitud de éxitos que alegraron los bailes del país durante 10 años, cuando desaparece el sello junto con la desaparición de la orquesta.

Para finalizar, se menciona el siguiente párrafo que escribe Hector Rago, en el referido trabajo La Música de Bandolas: Pero el merengue sigue sonando. Es un merengue parsimonioso, como arrastraíto. Sin la síncopa atravasada del merengue rucaneao cerquita del ñemeo, que los cañoneros de una Caracas entre ingenua y pícara de comienzos de siglo, nos legaron.

La definición de ‘merengue rucaneao’, se encuentra en el sitio Web
venezuelademo: Nombre que recibe por la forma de bailarlo, y que consistía en un acentuado movimiento o quiebre de la cintura.

Se deja a los lectores, como ejercicio de cultura general, indagar el significado de la expresión cerquita del ‘ñemeo’, que, al parecer, no tendría nada que ver con las acepciones de Lucro ilegal, Chanchullo, Quiquirigüiqui o Guiso, que aparece en algunos diccionarios criollos.

NOTA: La mágia de Internet se rompe cuando, por cualquier causa, se interrumpe el acceso a algunos enlaces que son de interés colectivo.